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Subir el SMI sí, pero no a cualquier precio

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  • Categoría de la entrada:Prensa
  • Las empresas no pueden trasladar automáticamente esos aumentos de costes
  • La planificación empresarial necesita estabilidad y las plantillas necesitan certezas
  • Yolanda Díaz, contra los críticos de la subida del SMI: «Si una pequeña empresa no puede pagar a su trabajador 37 euros más al mes, no es una empresa sólida»

Jesús Martín

No hay servicio público sin empresas que lo sostengan. Y no hay empresas viables si se legisla ignorando cómo funcionan.

La subida del SMI es, en esencia, una herramienta legítima para mejorar las condiciones laborales. Nadie en el sector de la limpieza profesional discute ese objetivo. Somos un sector intensivo en mano de obra, compuesto mayoritariamente por personas trabajadoras que merecen estabilidad y dignidad salarial. Pero una cosa es compartir el fin y otra muy distinta aceptar un desarrollo normativo que pondrá en riesgo la sostenibilidad de los servicios esenciales si no va acompañado de otras reformas que ayuden a mitigar esta carga.

En nuestras empresas, entre el 80% y el 90% de los costes son salariales. Trabajamos con personas, no con materias primas ni con procesos automatizados. Nuestros márgenes medios de beneficio rondan el 3%. No hablamos de grandes rentabilidades, sino de equilibrios extremadamente ajustados. Cuando se altera de forma significativa la estructura salarial impidiendo compensar determinados complementos, afectando a pluses y generando efectos arrastre sobre otras partidas vinculadas, el impacto no es marginal, es estructural.

Además, ese incremento no se limita al salario base. Se proyecta sobre cotizaciones sociales, sobre conceptos asociados y sobre la propia planificación empresarial. En un sector donde la mayoría de los contratos son públicos, plurianuales y sujetos a la Ley de Contratos del Sector Público, las empresas no pueden trasladar automáticamente esos aumentos de costes. No existe un mecanismo ágil y eficaz que permita actualizar los precios para absorber cambios normativos sobrevenidos. El resultado es evidente, una ecuación económica que deja de cuadrar.

Y no hablamos de actividades accesorias. Hablamos de limpieza en hospitales, colegios, centros administrativos, residencias, infraestructuras públicas, espacios colectivos…Servicios que vertebran el día a día de millones de personas.

La planificación empresarial necesita estabilidad. Las plantillas necesitan certezas. Los contratos públicos necesitan seguridad jurídica. Y el país necesita que los servicios esenciales funcionen sin sobresaltos.

Por eso, desde AFELÍN defendemos una posición clara: mejorar las condiciones laborales debe ir acompañado de un marco contractual que garantice la viabilidad económica de las empresas que prestan esos servicios. No pedimos indexación automática ni privilegios. Pedimos mecanismos de revisión de precios que contemplen los efectos derivados de cambios normativos y de incrementos salariales acordados en negociación colectiva. Un modelo que ya existe en otros países de nuestro entorno y que permite equilibrar derechos laborales y sostenibilidad empresarial.

La actual regulación de la contratación pública no ofrece un encaje adecuado para absorber incrementos de costes ajenos a la voluntad de las partes. Cada subida del SMI, cada modificación legislativa o cada acuerdo sectorial genera tensiones que se acumulan sobre márgenes ya exiguos. Y cuando esos márgenes desaparecen, desaparece también la capacidad de invertir, de innovar, de mejorar condiciones laborales o de mantener el empleo en situaciones adversas.

No se puede exigir a las empresas que asuman incrementos estructurales sin proporcionar instrumentos para gestionarlos. Las empresas de limpieza no son un actor abstracto. Somos más de 17.000 mil empresas que proporcionamos más de medio millón de empleos, sostenemos servicios públicos y garantizamos cohesión social. Si se debilita nuestra viabilidad, se debilita también el servicio que prestamos y el empleo que generamos.

Cuando se legisla sin escuchar a quienes sostienen los servicios esenciales, el coste final no lo pagan solo las empresas. Lo paga la sociedad.

Fuente: https://www.eleconomista.es/opinion/noticias/13809512/03/26/subir-el-smi-si-pero-no-a-cualquier-precio.html